viernes 16 de julio de 2010

La teoría del cuento del sobrino

No sé cuándo fue que me convencí de no volver a dibujar. Pero fue después de desistir la idea de ser veterinario seguro. Primero quería ser pintor y eso duró más. Pero igual no pasó la joven edad y murió por ahí. También me convencí de no ser actor, eso fue hace un rato más acá. De no ser fotógrafo y ser casi no músico.

Los pasos que siguen pueden ser convencerme de no ser:
fresco
honesto
modesto
inteligente
incipiente
insípido
crítico
auténtico
astronauta
cítrico
cítrico
analista
de sistemas
de cisternas
¿decís?
bondadoso
bochornoso
buen amante
mal cantante
sin aguante
Dante como el de antes

Creo que, a esta altura, si no cambio de canal en la tanda que viene, me voy a quedar sentado mirándome caer en lo que llamo la teoría del cuento del sobrino. Esta teoría es tonta pero comprobable. El cuento del sobrino se sustenta en que a éste (al sobrino) se le perdona mucho y se le exige poco porque, sencillamente, a nadie le interesa demasiado. Al fin sólo es el sobrino. Que obviamente no tiene nada que ver con un hijo, del cual uno espera-apuesta-necesita mucho más. Un hijo tiene que ser el doctor o el carpintero o el pobre muchacho que se esfuerza pero no tiene suerte. Porque, si de última no es nada, es un desafortunado al cual hay que compadecer. Pero el sobrino no. El sobrino puede ser un pelotudo, un caso perdido, un muchacho complicado o cualquier cosa que, en el fondo, nos interesa un carajo porque no es nuestra responsabilidad.

Entonces, cuando un decide caer en el cuento del sobrino, cuando uno empieza a ver que ya nadie espera mucho de si, la mochila se hace más cómoda y podemos salir con ella de paseo por la rambla, por 18 de Julio o por Santa Teresa sin que eso sea un impedimento.

No sé bien a qué edad uno se convence de ser sobrino de uno mismo. También estoy casi convencido de que hay gente que nace diciendo “ya está, voy a ser sobrino desde ahora; así que no me rompan las pelotas”. Y ojo, no es que esté mal, no digo eso ni lo contrario. Pero voy a pedir una vuelta más, me voy a imponer las cosas con un poco más de rigor porque el domingo pasado me anoté un añito más en el almanaque, el próximo domingo es el Día del Padre y no sé si estoy en condiciones de pedirles a mis hijos, de convencerlos a ellos, de que caer en el cuento del sobrino es tan fácil, que da asco y miedo a la vez, tan fácil que se me está haciendo difícil zafar. Así que, lo prometo: el lunes empiezo la dieta.