jueves 28 de agosto de 2008

Recreo del ´89

Los recreos de la escuela son como la primera “universidad de la calle”, el primer asomo a una barra, una antesala del boliche. Son el frío, el sopapo, el sol y la risa que todo niño debe aprender. Ahí se forman las primeras rondas de amigos y se empieza a vichar a las compañeritas. También se habla de las cosas importantes (como el último capítulo de Alf) y muchas verdades se revelan de la mano de algún compañero con hermanos mayores.

Gonza no sólo era mi mejor compañero de recreos. Era y fue mi mejor amigo de la infancia. Y la infancia es una etapa tan larga e importante que me gustaría que él pudiera leer esto, pero nuestra amistad se extravió como quien se pierde en una feria, confundido y llevado por la masa de gente que anda en busca de vaya a saber qué. Cosa que no habla muy bien de mí. Pero eso será asunto para otra vuelta.

Me acuerdo de un recreo lleno de calor y tierra en que Catherina y Natalia se acercaron, entre divertidas y nerviosas, y me preguntaron si había escuchado hablar del “desarrollo”. Tendríamos unos 10 años. Catherina era estiradamente flaca, como una cabeza más alta que yo. Natalia era tímida, tenía el pelo largísimo, lacio y azabache, bien azabache. Su madre era inmensamente gorda y tetona para mis ojos, jamás podré olvidarlo. Al día de hoy no puedo asegurar si mentí o no ante la pregunta que mis dos compañeras me estamparon sin previo aviso. Respondí afirmativamente, como debía ser. Con una seguridad tal que a ellas no les despertó dudas, pero a mí sí.

Y así pasaban esos 10 minutos de calle, de boliche, como si nada. Alfajores “Qué Rico”, jugos de frutas donde no había indicio alguno de un solo vegetal, partidas de bolitas, de voley, alguna pelea y poco más o todo lo demás, hasta un día en que ya nada sería como antes.

Ella era tan blanca como frágil. Tenían unos ojos de un celeste increíble. Tan poco creíble como la tristeza con que miraban. Por suerte esa tristeza se le escapaba como pidiendo permiso cuando sonreía. Creo que le daba algo de vergüenza sonreír. Para un niño que se reía más de lo que aprendía (como yo), esto era difícil de entender. Pero igual, sin analizarlo demasiado, hacía todo lo posible para que ocurriera: me encantaba hacerla reír cuando estaba conmigo. Creo que en ese entonces pensaba que ella era una especie de ángel triste al que yo tenía que rescatar. Como una princesa flotando en una pluma sobre un castillo parecido a un ómnibus de CUTCSA (gris, mugriento y repleto de gárgolas chusmas y boletos que ni son capicúa ni sirven para la vuelta). Pero el traje de héroe me quedaba grande. Claro que no lo notaba en ese entonces.

No estoy seguro de quién lo dijo, pero uno de los dos lo hizo. Gonza había faltado a la escuela. Nada grave, algo de gripe que se pasaría en unos días. Tal vez el tiempo necesario para que se gestara la traición que estaba por cometerle. De ahí en más, muchos de los recreos serían compartidos. Pero valía la pena. Un amigo podía entenderlo. Era el precio de crecer.

Apenas regresó a la escuela se lo conté: fue en el segundo recreo, estaba a punto de sonar el timbre para regresar a la clase, los demás corrían y jugaban a ser niños mientras Andrea y yo nos miramos a los ojos por unos de esos segundos largos con banda musical y cámara lenta que gira en derredor. A ella le volaba el pelo rubio y la moña azul contra el viento (no estoy seguro de que sea así, pero la imagen me gusta). Sus amigas estaban tan lejos como los míos. La tristeza se le corrió de la mirada como al galope esta vez. Estábamos solos en el inmenso patio escolar cuando uno de los dos lo pidió y, de golpe, de susto y ganas, quedamos “arreglados”.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

que lindo fue su primer amor? gaditana

Botijabobo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mary Poppins dijo...

el anonimo es de Cadiz,? yo tambien

precioso relato y recuerdo

Botijabobo dijo...

Anónimo: aquellos días no tienen dueño, pero a mí me gusta guardármelos como propios. Y sí eran días muy lindos, por eso los llevo en una cajita.

Gracias, Mary Poppins.